Usted esta aquí
Inicio > Familia > UN BUEN COMIENZO, UN NUEVO AMANECER

UN BUEN COMIENZO, UN NUEVO AMANECER

UN BUEN COMIENZO, UN NUEVO AMANECER - AYNI MAGAZINE REVISTA DIGITAL

UN BUEN COMIENZO, UN NUEVO AMANECER

Re-unificación familiar… suena a tiempos de recogimiento familiar, de tradiciones, de encuentros fraternales, de fin de año, pero no siempre es el caso. Todos los que escuchamos acerca de la migración de personas y pueblos enteros que salen de sus países por diversas circunstancias, pensamos en lo difícil de la salida dejando todo atrás, el cruzar, de ese camino duro y de todo lo que sucede en ese trascurso, pero no siempre nos detenemos a pensar en lo que viene después, en el proceso de adaptación de aculturación, de lo que puede representar dejar todo atrás y empezar una nueva vida.

En el caso de la re-unificación familiar nos encontramos con un fenómeno algo distinto y con connotaciones y repercusiones muy complejas y muy difíciles de superar. Madres solteras, familias enteras que se vieron obligados a salir de sus países huyendo de las pandillas, guerrilla, terremotos y todo tipo de violencia, dejaron a sus hijos en manos de sus seres queridos, salieron a la tierra prometida imaginando que sería por un periodo relativamente corto de tiempo. Este corto tiempo en la mayoría de los casos se convirtió en cinco, diez y más años y los bebes que dejaron ahora llegan como adolescentes o casi adultos.

Es desgarrador escuchar a esas madres decir a sus hijos “pero yo me sacrifiqué con dos y tres trabajos para enviarte dinero y los mejores zapatos y el ultimo IPhone para que tu estés bien y tu estas resentido conmigo” y el hijo responde, “sí yo recibí todo eso pero yo quería que estés ahí el día que me gradué de primaria, el día de mi cumpleaños y en las noches para acompañarme cuando tenía miedo o frío”. ¿No es eso lo mínimo que puede pedir un hijo a su madre? Algunos de estos adolescentes pueden verbalizar ese sentimiento, otros solo se callan… Ese resentimiento y esas heridas no se curan de la noche a la mañana. Esos traumas de haber sido abandonados y de ver las atrocidades que ven si tuvieron que atravesar el desierto con desconocidos, no se olvidan fácilmente. Se quedan impregnados en su corazón y en su piel por muchos años y a veces para siempre. No se puede juzgar a esos padres porque en esas circunstancias ellos hicieron lo mejor que pudieron y pensaron que era lo mejor para asegurar un futuro mejor y prometedor.

Estos jóvenes no se sienten ni de aquí ni de allá y muchos vienen con la ilusión de encontrarse con su madre o padres y empezar una vida nueva y próspera, pero vuelven a sentir el abandono al poco tiempo de llegar porque sus progenitores tienen que trabajar día y noche y ellos en muchos casos deben hacerse cargo de los hermanos o hermanastros que han nacido aquí que tienen las ventajas de la ciudadanía y el idioma y comienzan los celos y las culpas. Entre otras cosas, tienen que adaptarse al padrastro o madrastra que son tan extraños como la propia mama, además de hacer amigos, aprender un nuevo idioma y en algunos casos a sentir el frio que nunca han sentido, a usar botas en vez de sandalias y a darse cuenta de que ese país mágico, blanco y lleno de brillos con el que soñaban no ha sido tan mágico y que sus brillos quedan opacados a la hora de vivir el día a día.

Cuando trabajamos con estas familias primero les ayudamos a entender lo que ha pasado en todos estos años, porque ni ellos se dan cuenta de lo que les espera en esta nueva configuración familiar y no saben a lo que se están enfrentando. Les hablamos del perdón que deben pedir a sus hijos por haberlos dejado y a darles todo el afecto posible, a ofrecerles estabilidad en la medida que puedan y a pasar la página de la vida que dejaron atrás. Eso sí, a nunca olvidarse de sus raíces y a la vez fortalecer esas tradiciones que traen de sus pueblos, villas, ciudades y a aprender a absorber y a respetar esta nueva cultura para poder salir adelante. A seguir reglas y no a romperlas como era la costumbre en muchos países latinoamericanos. A entender también que los jóvenes son resilientes y a buscar recursos para ir reparando esas secuelas y a avanzar poco a poco en la comunicación con ellos. A saber que no es un camino fácil, que es un recorrido largo y espinoso a la hora de ponerlo en práctica.

Trabajar con estas familias a las que yo las llamo héroes, porque dejar todo atrás y cambiarse de dirección no es algo simple y pasajero y requiere de mucho coraje, es un reto diario, pero la remuneración personal que es la gasolina para seguir aportando, llega a la hora que sus semblantes cambian y reflejan algo de alegría. Y más aún cuando empiezan a poner en práctica las estrategias y veo sonrisas en ellos y en sus hijos al compartir actividades sanas y divertidas juntos, ven la luz y se sienten comprendidos, agradecidos y sobre todo a sentirse parte de algo y empiezan a encontrar su identidad, pero lo más importante, a tener esperanza de un buen comienzo, un nuevo amanecer.

Imagen: Evangelina Prieto. Ilustración estrellas.

  • author's avatar

    Por: Maria Del Carmen Mateus

    Desde que era una niña, ayudar a otros me hacia sentir muy bien. Desde las cosas más simples, siempre me gustó ver a la gente sonreír o sentirse contenta, conseguir algo que buscaban. Luego de muchos años me di cuenta que esa era mi pasión, se puede servir a la gente de diversas maneras.

  • author's avatar

  • author's avatar

    Ver todos estos posts del autor

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Top
Translate »