Loading...

El PODER DEL AMOR

El PODER DEL AMOR

Mi hermana gemela siempre ha sido mi mejor amiga, partícipe de todos los momentos importantes de mi vida, y juntas hemos compartido un amor incondicional. Por años me pregunté ¿por qué tuve la gran suerte de ser gemela? ¿Por qué Dios me dio esta bendición? Tenía 38 años cuando entendí. Ese día abracé a mi hijo por primera vez. Fue un milagro, y su llegada, un regalo maravilloso de mi gemela.

La historia de este milagrito comenzó hace 15 años, cuando mi esposo, ahora mi ex, y yo decidimos empezar una familia. Por seis años intentamos todos los métodos disponibles y recomendados, pero nada. Durante ese tiempo, nuestras vidas se convirtieron en una montaña rusa de emociones. Cada método que intentábamos traía consigo un elemento de esperanza …esta vez sí, esta vez de ley, esta vez no fallará… Pero cinco pérdidas más tarde, era muy claro que mi cuerpo “no servía”.

No hay manera de explicar cómo me sentía. Mi ex-esposo no entendía. Intentaba entender, pero no podía. Me tomó algún tiempo darme cuenta que nunca entendería y no le culpo por eso. Gracias a Dios tenía a mi hermana, mi gemela, que a pesar de que tuvo hijos cuando era muy joven, por ser mujer y también mi amiga, entendía un poco más. A ella si le podía contar que después de cada pérdida, una parte de mí se apagaba. Que la definición tradicional de ser mujer se evaporaba y que sentimientos de ineptitud, vergüenza y culpa me dominaban.

Gracias a Dios, después de cada pérdida, con cada día, semana y mes que pasaban, mi alma y corazón se volvían a llenar. Me sentía mujer otra vez, pero no de la manera que mi hermana, tías, primas y muchas amigas lo eran ya que yo no lograba ser madre.

Mi mamá y mi papá vienen de familias muy grandes y fértiles, con 16 hermanos y 13 hermanos respectivamente. La palabra ‘infertilidad’ en esta familia, no existe. Con 55 primos hermanos del lado de mi mamá, nunca me imaginé tener problemas de infertilidad. Sin embargo, ahí me encontré, en la sala del segundo especialista que después de intentar sin éxito todas las opciones de in-vitro, sugirió otros métodos como adopción o donación de óvulos.

Junto con mi ex-esposo sabíamos que eran nuestras únicas opciones. Decidimos investigar donación de óvulos y llamé a comentárselo a mi gemela. Quería su opinión, como lo había hecho en miles de ocasiones anteriores. Al decírselo, se quedó callada un momento y me dijo “Yo lo quiero hacer. Yo quiero ayudarles. ¿Te imaginas si funciona?”. Entre lágrimas, mi respuesta fue “Si. Me puedo imaginar. ¡No puede ser más perfecto usar un óvulo tuyo!”. Desde ese momento, tener un bebé se convirtió en un sueño compartido con mi hermana y cuñado querido.

Con esa nueva esperanza fuimos al especialista quien muy claramente nos dijo que debido a nuestra edad en ese entonces, 37 años, y la posibilidad de que por ser gemelas, compartamos el mismo problema de infertilidad, mi gemela no era una buena opción y por ende no lo recomendaba. ¿Cuales serían nuestras caras de decepción? que el especialista pensó y dijo “Pero si no lo intentamos, siempre preguntaré si hubiese sido posible…”. ¡Wow! No podíamos creer que aceptó y enseguida comenzamos la preparación. Mi pobre gemelita tuvo que inyectarse muchas hormonas y someterse a innumerables chequeos para ver cómo progresaba la estimulación hormonal y asegurarse de producir suficientes óvulos.

El último día de chequeo el doctor nos informó que el intento fue un fracaso. Era lo que él temía. ¡Que dolor! Todo se volvió gris en un instante. Pero, nuevamente, como en la primera cita, cuál sería nuestra reacción que el especialista decidió intentar una segunda y última vez; pero cambió el tratamiento.

Un mes más tarde, el doctor obtuvo siete óvulos de mi hermana gemela, cinco fueron determinados viables para inseminación, y tres se desarrollaron bien por los siguientes dos días. Los reglamentos del hospital requerían un mínimo de dos óvulos fertilizados el día de la implantación. El día del procedimiento solo quedaba un óvulo y el especialista no pudo atender. Yendo en contra de la formalidad del hospital, la doctora alterna, quién había participado en varios de los intentos anteriores, decidió que todo nuestro esfuerzo no podía acabar por una formalidad, y así decidió transferir el único óvulo a mi vientre; al cabo de nueve meses se convirtió en mi milagrito, “nuestro milagrito”.

El día que nuestro hijo nació entendí, por qué soy gemela. Dios quería que mi hermana, mi mejor amiga, quien es genéticamente igual que yo, sea quien me dé el regalo de la vida. Solamente ella podía dármelo con tal perfección. Mi ex-esposo y yo estábamos listos para aceptar la bendición de un extraño, pero Dios tenía otro plan. Estoy eternamente agradecida a mi gemela por su bondad y a Dios por su inmensurable bendición de otorgarnos a nuestro hijo.
“El poder del amor” es infinito y poderoso. En nuestro caso, se manifestó en esta historia de generosidad y amor incondicional que dio como resultado un niño maravilloso. Mi intención es que esta historia llegue al corazón de una persona, y que esa persona reciba o ofrezca un amor así.

  • author's avatar

    Por: Gina Villavicencio

    Americana, de madre Ecuatoriana y padre Peruano. .. Mi pasión es entender el comportamiento de personas para diseñar experiencias digitales que son culturalmente significativas e inspiradoras.
    Soy eternamente agradecida de ser madre, hija, hermana y amiga.

  • author's avatar

  • author's avatar

    Ver todos estos posts del autor

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Ayni Magazine Revista Digital

Revista Digital de Contenido Humano basado en experiencias

Suscribirse a nuestras publicaciones

Translate »