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QUIEN COMO MI ESPOSA

Quien Como Mi Esposa - Ayni Magazine Revista Digital

QUIEN COMO MI ESPOSA

Hace poco escuché, que los grandes oradores logran un efecto magnético en el público, inspirando además un sentimiento, cuando  cuentan la historia detrás de los personajes y de los hechos.

Esta es mi historia y cómo fue mi esposa inspiró en mi el escribir, en pocos minutos, las líneas que acompañan a este artículo.

Cruzaba una noche la habitación, escasamente iluminada por una lámpara de velador, casi en la penumbra.  Mi esposa dormía ya, acurrucada como una niña, en modo de respiración y sueño profundos.

Tuve que parar, ese instante! Quedé ahí, mirándole soñar. Su boca dibujaba una leve sonrisa, con la que casi me decía que estaba disfrutando de sus sueños.

De repente sentí como si alguien hubiera golpeado mi consciencia. Sentí la necesidad sentarme y mirarle bien.

Me senté en el costado de la cama, del otro lado de ella.  Asentando mi peso sobre la cama, con una de mis piernas flexionada debajo de mi, y apoyando la otra en el piso, estuve quieto y lo suficientemente cómodo,  como para mantener un diálogo largo y profundo.

Muchas cosas pasaron por mi cabeza.  Quizás no fueron más de cinco minutos, pero parecieron muchos más, suficientes para darme cuenta de las muchas cosas que en el día a día yo pasaba por alto,  temas profundos sobre nuestra relación, sobre nuestras cosas comunes, las que nos unen hoy, y las que nos unieron desde el inicio, pero además, cosas aún más importantes y aún más profundas, como lo que no se mira, lo que no se percibe, pero que está ahí.

Comencé a mirar su piel, la misma piel que había visto tantas veces, pero que no me había detenido a mirar.

Miré una de sus manos destapada, y pensé que con ella había tantas veces arreglado mi cabello despeinado, con la que me había regalado tantas caricias, y con la que me había propinado un pellizco de vez en cuando.

Me inccliné para oler su cabello, y para sentir su respiración.  Miré la figura que dibujaba su cuerpo debajo de las cobijas.

Era como estar en medio  de un jardín fragante. Descubrí que además había algo en ese estado suyo de sueño, algo inmaterial, más allá del sentimiento y que golpeaba mi ego y estrujaba mi corazón.

Como en una ráfaga de ideas, comenzaron a aparecer desordenadamente en mi mente ideas y preguntas.

“¿Cómo he podido ser tan bruto, tan insensible?  Ella es un ser humano que me ama, que todos los días lo demuestra y que me quiere como su compañero para siempre. ¿Cuántas veces he pasado de la oportunidad de ser amoroso con ella, como ella ha sido conmigo?

Puedo mirarle sin verle, sentirle sin tocarle, escucharle sin oírle y percibir su aroma de niña-mujer sin tener que estar cerca de ella.”

Sentí entonces cómo se desbordaba dentro de mi una ternura gigantesca, que me asfixiaba, esa que ella me había dado, y que ahora me hacía llorar.  Sentí el amor con el que ella me había soportado a lo largo de todos estos años de matrimonio; en el momento pude percibir la pasión con la que ella se había entregado cada día de su vida para formar un hogar conmigo.

Todo llegaba a raudales. Pensé que debía describir cómo es ella, cómo le ven mis ojos y cómo le siente mi corazón.  Desde esa noche de Febrero, me hice el difícil propósito de convertirme en algo más que un esposo, quizás en un compañero que hiciera lo posible por no fallarle, que hiciera lo posible por escucharle con atención, que hiciera hasta lo imposible por no salir corriendo a hacer lo que ella no me había pedido hacer,  (sé que sólo las mujeres entenderán esta parte del relato). Algo hizo que en ese momento yo cambie. Hoy ya no puedo verle con otros ojos.

Esa misma noche, me levanté, dejé el cuarto y me senté a escribir esta nota:

“Para Jacqui… Si me preguntan

Si me preguntan cómo es mi mujer, les diría que es hermosa, alegre y dedicada.

Es de una belleza que enamora, linda, con las coquetearías  propias de una mujer que lleva su feminidad al máximo. Siempre nítida, se preocupa de los detalles que realzan su belleza y su hermosura.

Bien puesta cada día, elegante, inmaculada y propiamente vestida, tiene cada detalle para cada ocasión.

Ella lleva el pelo suelto, en su color natural, pero sin descuidar, por si algo aparece fuera de lugar.

Su figura menuda se mueve con gracia, deleitando con su cadencia al caminar.

Sus manos suaves, jóvenes, tersas y amables son capaces de manifestar ternura. Su cara y sus ojos sonríen con la luz de la mañana.

Su piel blanca y juvenil, y su gesto femenino siempre, presente hacen de mi esposa, Jacqui, una mujer fascinante.

Su cabello huele a lavanda, sus labios saben a miel de azares, su cuerpo se siente como terciopelo sobre la figura más bella.

Le miro a la distancia y digo para mis adentros:

“Te adoro mi vida, Dios hizo de ti una hermosa mujer, una bello ser humano”.

Siempre está pendiente de todo en su casa, que es su palacio.

Atenta a cada una las personas a las que ella ama. Se preocupa y se ocupa y generalmente tiene la palabra precisa, la idea perfecta.

Mujer espiritual, cercana a Dios, nos deleita con su gesto amoroso,  nos anima y nos guía con la sabiduría divina con la que el Creador de todas la cosas le ilumina día a día.

Alegre como ninguna, le encanta reír a carcajadas y disfruta de esa risa, que resuena como tañido de campanas en cada rincón de su casa. Con la música ella baila inocente con la alegría propia de los niños.

Optimista como nadie, nos lleva por el camino de la fe en nosotros mismos y en Dios, pidiéndonos que cada día le permitamos actuar según Su voluntad.

No parece tener preocupaciones, sin embargo su fe le hace positiva. Ella es mi fortaleza, mi luz, mi todo.

Su tenacidad y dedicación son el mejor ejemplo para nuestros hijos, y como no, para mi y para todos los corazones que ella toca. Es una mujer virtuosa, sensata que sabe administrar el amor y la ternura, sin descuidar la firmeza de su decir. Directa y transparente, es un ejemplo de virtud y de conceptos claros.

Esta es mi esposa, mi mujer, mi compañera, la misma que ha caminado bajo el sol de mi vida sin quejarse, siempre apoyando y animando mi andar.

Esta es la mujer que amo y amaré toda la vida. Así es mi Jacqui, mi esposa para quien pido a Dios cada día la felicidad eterna y la sabiduría que conduce a ella. A El le agradezco por el milagro de su vida a mi lado.

Que su luz inunde cada rincón de nuestra casa por siempre.

Te amo, Jacqui. Mi esposa.

Francisco Proaño
Quito, 23 de febrero de 2015”

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