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EL CORONAVIRUS NO ES EL FIN DEL MUNDO, ES EL COMIENZO DE UNO NUEVO

NO ES EL FIN DEL MUNDO, ES EL COMIENZO DE UNO NUEVO

2020; una nueva década, una nueva oportunidad para comenzar desde cero, o al menos eso creíamos…
El amanecer del 1 de enero del 2020 trajo consigo noticias distintas; incendios forestales masivos en Australia, amenazas de una posible tercera guerra mundial, y entre otras noticias, la creciente diseminación de un virus denominado COVID-19. Como cualquier nuevo año todos teníamos anhelos, aspiraciones y nuevas resoluciones para el futuro, muchas de estas, egocéntricas y centradas en los deseos de cada uno de nosotros. Lo que no sabíamos era que el futuro, siempre cambiante, iba a venir acompañado de cambios drásticos que afectarían a todo el mundo. Estos cambios tendrían un impacto global; sin discriminar género, edad, raza, estrato social o situación económica.

13 de abril del 2020, casi 3 meses más tarde, nos vemos atrapados en una realidad casi utópica, salida de una serie de ciencia ficción; ya no hay carros en la calle, no hay ruido, la gente se transporta en bicicletas, se ha reducido el crimen, y el cielo de la “Lima gris” que conocemos nos recibe todas las mañanas de color azul, con sol intenso y libre de contaminación. Quién hubiese pensado que algo así iba a ocurrir?

El COVID-19, una pandemia que ha afectado a millones de personas alrededor del mundo, ha traído consigo tragedias y muertes, nos ha obligado, a la mala, a valorar los pequeños detalles de la vida, nos ha permitido salir de la burbuja y la vida rápida que llevábamos para poder pausar y darnos cuenta de lo que realmente importa. Para mi generación, la generación de “centennials” (generación Z), esta pandemia que nos consume día a día ha sido un suceso sin precedentes.

Las únicas crisis de tal magnitud que conocemos las hemos vivido indirectamente a través de relatos de nuestros abuelos y abuelas. Somos una generación que ha estudiado guerras mundiales, genocidios, y revoluciones dentro de la seguridad de 4 paredes, una generación constantemente criticada por haber perdido contacto con la realidad; por haber nacido con la tecnología en nuestras manos. Un grupo humano egocéntrico, narcisista, y perdido dentro de nuestros propios universos virtuales.

Esta catástrofe ha sacado a relucir defectos y virtudes de todos nosotros; es verdad, nuestra generación nunca se había visto expuesta a tener que lidiar con un acontecimiento así, de manera colectiva. Tal vez estábamos muy cómodos y éramos incapaces de mirar el mundo a través de los ojos de los demás, tal vez habíamos perdido la capacidad de ser empáticos con todo lo que nos rodeaba. Tal vez, evidentemente habíamos perdido contacto con la realidad.
Esta pandemia es una situación devastadora, sin embargo, nos ha regalado la virtud de la introspección, nos ha permitido conocernos; a nosotros y entre nosotros. Hemos tenido que tocar fondo antes de poder elevarnos a la superficie.

Siempre habrán distintos caminos, podemos ser prisioneros de las circunstancias en las que nos encontramos o podemos elevarnos por encima de estas. Para mi generación, esto nos pone bajo la máxima prueba, pero no me cabe la menor duda que saldremos de esta listos para afrontar cualquier desafío que cruce nuestro camino.

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    Por: Gabrielle Gramont

    Gabrielle Gramont es estudiante en la Universidad de Virginia cursando una doble licenciatura en Estudios de los Medios de Comunicación y psicología. Actualmente está considerando tomar rumbo en dirección hacia el rubro de Relaciones Públicas y Marketing.

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