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SALIENDO DE MI BURBUJA – covid 19

SALIENDO DE MI BURBUJA…

Nuestros clientes más importantes están paralizados y han retrasado sus pagos.

Eran las 3 de la mañana y me urgió el deseo de llamar a nuestros clientes de Nueva York, escucharlos y saber cómo están.

Mi afán de contactarlos no respondía a la necesidad de inducir venta o reclamar pago, sino al deseo genuino de saber directamente, por boca de ellos, como estaban de salud y ánimos, como estaban su familia y colegas de trabajo, y si podíamos hacer algo para apoyarlos.

Amaneció, y comencé a contactarlos. Pude hablar con casi todos ellos. Cuando no fue posible hacerlo, la persona en cuestión no se había reportado hace días; sus colegas temían estaba infectada con COVID-19.

Fue una experiencia reconfortante, aunque emocionalmente intensa, conectarme con personas con quienes había tenido apenas un contacto ligero y saber que, en la mayoría de casos, estaban bien.

Al mismo tiempo, fue impactante escuchar sus voces de desaliento, de tristeza, de miedo.

Muchas de ellas se sentían obligadas a estar en sus locales por exigencia de los dueños o deber ciudadano.

Asimismo, habían vivido la experiencia de tener familiares que no habían podido ser atendidos en los hospitales por falta de camas o equipos, y haber visto enfermos echados en los corredores del hospital a la espera de atención o fallecidos apilados en un camión refrigerado.

¡Estremece asimilar que esto pueda estar sucediendo en Nueva York!

Salí de mi burbuja y me acerqué a una realidad que la había visto o leído en noticias pero que, honestamente, la sentía distante.

Cuando nos encerramos en nuestra burbuja nos olvidamos de cuan privilegiados somos al poder trabajar desde nuestra casa, amparados por un techo, protegidos del mundo externo, abastecidos de comida o servicios gracias a personas como aquellas con quienes hablé hoy.

Nos olvidamos de nuestra comunidad; de todo ese universo de personas que arriesgan su propia salud y la de sus familias: quienes atienden en los centros de salud, recogen nuestra basura, atienden en las “tienditas de la esquina”, el cartero, el personal de tránsito. Poco les agradecemos a estas personas. Poco o ningún tiempo dedicamos a conectarnos con sus realidades.

Nos olvidamos asimismo de quienes cuentan con ínfimos recursos para sustentarse a sí mismos y a sus familias al quedarse sin ingresos y que, al infectarse, quizás no cuenten con una cama ni atención oportuna.

Lo que estamos viviendo nos dejará secuelas:

  • El resentimiento profundo de quienes se hayan sentido segregados, desatendidos, utilizados, ignorados, con el consiguiente resurgimiento y aceleramiento de un movimiento social violento (más severo quizás que el que se vivió en varios países a fines del 2019), promoviendo un cambio en nuestra conducta y sociedad; o,
  • La lección de una sociedad que reaccionó positivamente ante una crisis sin precedentes y logró demostrase a si misma que es capaz de acoger un sentido de equidad, solidaridad, de humanidad más empática.

Yo me inclino por lo segundo. ¿Tú?

La empatía no tiene que ver con compasión, lástima o paternalismo, sino más bien con el sentido genuino de ponerse en los zapatos de la otra persona. Invito a estar más pendientes de aquellos a quienes a veces negamos, no vemos y olvidamos.

Seamos empáticos y solidarios con acciones simples y voluntad: preguntando de manera genuina por la salud y estado de ánimo a las personas que no necesariamente están en nuestro radar de prioridades, agradeciendo y dando ánimo; siguiendo directrices para evitar infectar a otros; viendo en qué medida podemos contribuir con nuestros recursos, internos y físicos.

Detengámonos a pensar en el prójimo el momento de ejercer lo que consideramos nuestros derechos.

Cambiemos conductas y hábitos con relación a las obligaciones que concebimos debemos exigir de quienes “nos sirven”.

Enfoquémonos en nuestros negocios en una misión social con el mismo ímpetu que nos centramos en la consecución de ganancias

Recorramos este episodio aprendiendo, ajustándonos y pensando no solamente en la situación actual, sino que tan más empático y equilibrado será, y queremos que sea, el mundo luego de esta crisis.

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    Por: Galo Pazmino

    Galo Pazmiño es un profesional con experiencia en auditoría, finanzas, estrategia, gerenciamiento de riesgos y el desarrollo de organizaciones y personas. Presidente y cofundador desde 2016 de SamiChakra LLC (representación y venta de productos producidos siguiendo los principios de desarrollo social de pequeños agricultores, protección del ambiente y preservación de la biodiversidad). Colaboró en The AES Corporation por 10 años, 5 de los cuales como ejecutivo del negocio de generación de Créditos de Carbono, y en PricewaterhouseCoopers por 21 años, 8 de ellos como socio de auditoría. Nacido en Ecuador, ha vivido en Brasil, Francia, Reino Unido, México y radica desde 2007 en Estados Unidos.

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