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LAS INFIELES Y LA ESCLAVITUD SEXUAL

LAS INFIELES Y LA ESCLAVITUD SEXUAL

Para empezar, esto no tiene que ver con el ISLAM. Respetamos profundamente sus creencias religiosas, pero en su nombre, algunos desquiciados violentan, causan muerte, destrucción, dolor.

En estos días de horror nos enteramos de las masivas movilizaciones humanas que huyen de la guerra, no podemos imaginar el caos. Pensemos en nuestro hogar, un día, de la noche a la mañana se convierten en sitio inseguro, propicio para la persecución, el crimen, y la matanza injustificada.

Grupos étnicos y fanáticos ser toman el nombre sagrado de Dios y del Islam y desdice de la bondad de los musulmanes comunes y corrientes, aquellos que viven en barrios como el nuestro, vecinos buenos y amables que trabajan por sus familias, buscan la paz y respetan a las personas que conviven con ellos y entre ellos.

Hace poco, en un vuelo transcontinental, leía un diario español que a tres caras describía el horror:  la esclavitud de mujeres “infieles”, es decir, de todas aquellas que no pertenecen a la religión musulmana o que predican lo establecido por el Islam. Peor es la suerte de las mujeres yazidíes, pertenecientes a una etnia premusulmana que convive en los territorios de Irak, Iran, Turquía, entre otros.

Por declaraciones de las propias mujeres que han logrado huir del horror de esta organizada actividad así llamada “santa” por los miembros de ISIS, y que trata de una bien organizada y planificada actividad, el mundo se ha podido enterar del horror para el que están preparadas las fuerzas oscuras de la “guerra santa islámica”.

Las citas a solas entre hombre y mujeres, de acuerdo con la tradición musulmana no son bien vistas ni aceptadas. El matrimonio es la única forma en que un hombre puede estar a solas, poseer a una mujer sexualmente y en forma lícita. Cualquiera otra forma de frecuentar la compañía femenina   por parte de un hombre resulta pecaminosa y es de hecho rechazada, siendo un tabú para los musulmanes.

Mas si esto es un impedimento para encuentros sexuales entre hombre y mujer, existe una forma “sagrada” de tenerlos.

Las mujeres de grupos étnicos, musulmanes o no, atrapadas en medio de la guerra civil siria, o en la toma de ciudades en el norte de Irak, en la frontera turca, por ejemplo, son las víctimas preferidas.

Allí donde se sacrifica y se documenta en video y fotos, la eliminación de los hombres que han superado la pubertad y muchas veces a niños de sexo masculino, donde se les asesina a mansalva, como lo hacen los leones con las crías de sus oponentes derrotados, donde se destruyen templos y monumentos históricos considerados joyas de la antigüedad, donde se destruye todo lo que no es “sagrado” para el Estado Islámico (EI), suceden otras cosas que no llegamos siquiera a imaginar.

El relato de todas las mujeres (que no son muchas y que incluye a niñas) que lograron huir de ISIS, habla de un sistema que clasifica y separa a las mujeres (virtualmente, un censo) según criterios como religión, estado civil, edad, preparación académica, entre otros.  Luego pasan por una detallada examinación física, realizada por hombres “santos” del Islam. Una vez separadas en lugares específicos son luego distribuidas de acuerdo a un sofisticado sistema de  entrega, con una logística soportada por alta tecnología, propia de los países más avanzados de occidente.

Este sistema de distribución de esclavas “infieles”, llega a distintos sitios en el planeta. Esta forma esclavitud es primordialmente sexual casi exclusiva para miembros del EI (Estado Islámico, ISIS), que goza con cientos de miles de simpatizantes en todo el mundo (@12,000 en 2014 y @ 35,000 en 2015).  Estos valientes guerreros, de manera reiterada y a sus anchas se dan el lujo de poseer a una mujer que no sea su esposa legítima, a quien de una forma “sagrada” poder usar y de quien abusar sexualmente.

Este sofisticado y bien planificado sistema de censo, sirve para entregas “a solicitud” de en muchos casos simpatizantes y financistas de EI, al que pliegan algunos jóvenes europeos que se confiesan musulmanes, luego de un período de adoctrinamiento, de adiestramiento y de acuartelamiento relativamente breve. Si no se trata de los propios combatientes, los beneficiarios de los favores pueden ser simplemente empresarios u hombres de fortuna, que pueden pagar el precio de tener a mujeres infieles para su uso y goce sexual, mientras se financia de esta manera la actividad terrorista de EI.

Según lo relatan una niña de 15 años, una mujer de 25 y una mujer de 36 años de edad que lograron escapar a la libertad, luego de ser separadas de sus familias, son subidas en autobuses de color blanco para llegar a un centro de acopio y re distribución.

Ellas son entregadas a hombres quienes las convierten en sus esclavas sexuales. Según el espeluznante relato, las esclavas son atacadas sexualmente de manera reiterada y por “mandato de Alá”. Supuestamente la acción de violar a una mujer infiel resulta santificante para un guerrero del Califato, o que de otra manera, sin ser guerreros, ni estar insertos en la guerra santa, pagan por tener encuentros sexuales con quienes no podrían hacerlo de manera legítima.

Según la mujer de 25 años consistentemente fue violada por su amo, todas las mañanas y todas las tardes, luego de un morboso ritual de oración al Profeta, rito que “permite la purificación del alma del guerrero”.

Aparentemente este patético acto es celebrado con saña en el caso de mujeres de origen yazidí, quienes no tienen ningún chance de obtener misericordia alguna de sus amos. Según el relato, incluso las cristianas reciben algo de favor y piedad en razón de que Jesús, y su madre, María son mencionados en el Corán, libro sagrado de los musulmanes.

La esclavitud de mujeres infieles o no, se está practicando de manera sistemática y organizada, luego de los raptos en sitios de guerra e incluso en ciudades occidentales, donde la comunidad musulmana es numerosa y permite acciones veladas de miembros de EI y sus simpatizantes.

Otra de las que lograron escapar fue, según ella, declarada ‘libre’ por un guerrero de ISIS, gracias a una misión suicida próxima a realizarse.  En razón de que su deber “sagrado” de violar a su víctima, debía cesar, este guerrero del califato decidió renunciar al sagrado deber de santificación diaria a través de la violación de su esclava, por lo que la liberaba, mediante documento escrito.

Mas, aún cuando el Islam no es lo que se relata en las líneas previas, me espeluznó  la declaración que escuché el día 12 de agosto de 2015 en un canal musulmán transmitido a través la televisión holandesa. Un Imán (hombre santo y guía espiritual), decía que la religión cristiana era una religión incompleta, coja, a la que le faltaba un complemento. El catolicismo según este santo, es una religión débil en la que solamente se pregona y se practica la piedad y el perdón.

Decía este iluminado, que su religión es completa, porque cuenta con el agregado del castigo como un derecho sagrado del que goza todo musulmán, para corregir al infiel. Dios les brinda esta facultad, decía, de manera que modificando lo que está mal, a través de la ira que lleva al el castigo, se purifica al mundo.

En el mundo convive con nosotros este grupo que proyecta imponer el Califato ‘erga ornes’, es decir de forma universal en todo el planeta.

Para pensar, a propósito de lo escrito:

¿Que está sucediendo? Todos somos uno, estamos hechos de la misma materia, sentimos igual, gozamos igual, sufrimos igual. Todos somos de la misma raza, la raza humana.

Durante la época en que le ha tocado al hombre habitar este planeta, han existido guerras, esclavitud y sufrimiento, por el poder y el dominio sobre los demás. Pero que sentido tiene continuar con la matanza, el exterminio y la destrucción? ¿Tienen los poderosos del mundo, por el hecho de contar con armas y  dinero, el derecho a deshacerse de sus semejantes? ¿Lo tienen también los violentos fabricantes de dinero, droga y pornografía? ¿Tiene alguien el derecho de determinar cómo regir el mundo, a su sola voluntad? Y si es así, que vas a hacer al respecto?

En estos días de horror que nos toca vivir, debemos ampliar nuestra consciencia y practicar la tolerancia para mantener la paz, entre hermanos, en nuestros barrios, nuestras ciudades y nuestros países.

¿Será que esto nos está permitido para llegar entender que estamos ya en el fin de los tiempos, como tantas veces se ha profetizado desde que existe la iglesia de Jesús, el Cristo? ¿Son los agnósticos, los poderosos, y los líderes políticos los elegidos que puedan salvarse de su propio sistema de exterminio masivo? ¿Es el exterminio una forma de legitimar el poder frente a masas que defienden su religión con fanatismo?

Está escrito: nadie conoce el día ni la hora.  Una cosa es segura, nada es para siempre.  ¿Quien puede esconderse de la Luz? No habrá lugar en el que su fulgor no ingrese para hallarte desnudo y aterrorizado.

Francisco Proaño Salvador

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