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ABRAZANDO MI VULNERABILIDAD

ABRAZANDO MI VULNERABILIDAD

Noviembre 2018, 5:00am en Nepal. Esperaba con ansias la salida de los majestuosos montes Himalayas, era lo único que esperaba después de haber atravesado el norte de India por mas de 13 días.

Después de haber sentido todo; miedo, ruido, paz, armonía, amor, tristeza. Después de haber sentido tanto, lo único que quería es que aparecieran ante mi estas montañas que habían estado en mi mente deseosa por tantos años. Muchas veces mencioné en mi juventud, que cuando las conozca, sabía que mi mundo interior iba a dar un giro profundo en mi ser y así fue.

Esperé con paciencia mientras tomaba mi primer café de la mañana mientras miraba el cielo frente a mi y de pronto oí la voz de nuestro guía Mani Chaulagain quien desde el principio, sabia que yo ansiaba profundamente poder encontrarme de frente con los Himalayas. Me llamaba hacia otro punto desde el cual yo estaba sentada, y ahí es donde tuve mi encuentro con estas majestuosas montañas (que no siempre deciden salir a la luz). Un encuentro desde el cielo. Creo que todos querrán imaginar ver estas montañas frente a ustedes, pero no. La cordillera del Himalaya sale del cielo. Sale de entre las nubes con sus picos blancos, a un nivel de altura superior al que podemos imaginar. Ahí es cuando conocí a mi vulnerabilidad.

Abrazando mi vulnerabilidad – AYNI MAGAZINE

Y es entonces, donde deje caer mi pasado por el abismo del olvido, colgué mis fracasos como las mas hermosas medallas, utilicé mis cicatrices como manual para hacerme fuerte, me desprendí de desilusiones, me vestí de esperanza y al fin pude ser libre.

Mi vulnerabilidad trajo luz a mi lado oscuro. La vulnerabilidad encontró palabras para lo que sentía mi corazón pero no podía decir. El dolor me ayudó a recordar el poder que había dentro de mi tormenta, la sabiduría en mis crisis y las visiones curativas ocultas dentro de mis pesadillas iluminadas por la luna.

Aveces crecemos en un entorno en el que nos animaron a “actuar” o tal vez nos elogiaron por ser una niña buena “tranquila”. Todos estos son roles fueron aprendidos. Sin embargo, cuando crecemos, estos roles infantiles nos pueden meter en problemas cuando entablamos relaciones como adultos.

Al mismo tiempo, unos días después..en una discusión-conversación con una amiga (a quien le debo un agradecimiento especial de vida) en el mismo lugar, aprendí a reconocer que la vulnerabilidad tiene que ser bilateral para que sea efectiva.
Algunos de nosotros somos buenos compartidores. Algunos de nosotros somos buenos oyentes. Y algunos de nosotros podemos aprender a equilibrar el arte de compartir y escuchar, lo que se requiere para la conexión entre dos personas y así mismo, podemos elegir quién quieres ser todos los días. Elegirse a si mismo es lo mas importante y dejar de estar entumecida de manera confortable.

Foto: Isa Portilla
Abrazando mi vulnerabilidad – AYNI MAGAZINE

Con mi amiga aprendí, que los límites saludables no son paredes o cercas de alambre de púas. Son puertas, portales que abrimos de forma selectiva cuando es seguro y que mejoran la vida para hacerlo. Tomamos decisiones conscientes sobre cuándo abrir, cuándo cerrar. Lo considero como el arte del apego selectivo y evaluamos cada situación por sus propios méritos. Mantenemos la puerta cerrada, cuando no es seguro abrirla. Destrabamos la puerta si hay una base saludable para conexión. Los límites saludables son específicos de cada situación, evolucionan y se aclaran a medida que crecemos. Tamizamos las conexiones a través de un filtro inteligente que discierne, abriendo la puerta a esas experiencias e individuos que mejoran nuestro camino sagrado verdadero.

Nuestro objetivo en la vida con nuestra familia y amigos es cultivar las habilidades del compartir y escuchar. Escuchar su vulnerabilidad y encontrarnos con la nuestra.

Y si somos los que compartimos, necesitamos hacer suficiente espacio para que nuestras relaciones nos den partes de su mundo interior sin asumir el control. Si somos quienes tienden a estar al margen de la vulnerabilidad, no necesitamos esperar siempre una invitación. A veces necesitamos sumergirnos por nuestra cuenta y confiar en que sabremos si no somos bienvenidos.

Cuando ya no somos bienvenidos, cuando una relación se rompe, aprendemos a cuidar nuestra vulnerabilidad sin continuar siendo vulnerable con personas que no responden con la suya. Se convierte en una dinámica muy desequilibrada que no conduce a la conexión. Lo que podemos hacer en este caso es compartir nuestras observaciones y ver cómo responden. Si las puertas se han cerrado por completo, no podemos ser necios. Hay que mantener el corazón en la mano,  la cabeza en alto y ser consciente de la energía que das y re-contactarte contigo mismo. Trataremos de no perdernos en la perspectiva de otra persona. De no abandonar lo que somos.

Abrazando mi vulnerabilidad – AYNI MAGAZINE

En este momento de mi vida..

No hay fealdad y busco la bondad en todas partes y cuando la encuentro, la saco del escondite y dejo que sea libre y que no tenga vergüenza.

Trato de ir descubriendo todo lo que brilla, ignoro lo obvio, ya que no es digno de un ojo claro y un corazón amable.

La culpa de otros no es mía, ni la inocencia de otro es algo aparte.

No tengo vergüenza de ser amable y gentil, pero si llega el momento de protegerme, elijo a quien dar mi lado tierno.

Estoy aprendiendo a cambiar mi justicia por humanidad, mis juicios por compasión, mi desesperanza por la fé, mi armadura por el amor.

A caminar con corazón.

Nunca sabes a quien le va a gustar todo ese conjunto de rarezas que eres.

Hoy, abrazo mi vulnerabilidad.

La belleza y la salud de la Tierra me nutre y me sustenta.

El océano y las mareas me afectan.

Soy sensible a los cambios climáticos y la cantidad de luz natural. 

La Tierra, sus elementos y el universo se sienten como una familia.

La luna y las estrellas siempre han sido mis compañeras.

Desde la infancia, miré al cielo y sentí que mi verdadero hogar estaba allí.

Como dice Eduardo Galeano“Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios otra razón.
En los extravíos nos esperan hallazgos, porque es preciso perderse para volver a encontrarse”

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