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LO DIFERENTE

LO DIFERENTE

Hace un tiempo no muy lejano, llegué a tocar fondo, una vez más. Mi vida no ha sido la de una princesa sino más bien de un “antihéroe” que ha cometido miles de errores y que también ha dado todo lo que ha podido.  En mi cuenta tenía 0 dólares y  muchas deudas que pagar. No son deudas de viajes, farras, o ropa a la moda. Son otro tipo de deudas, de esas que no puedes evitar como un hospital, un choque, una operación, las terapias, un robo…

Darme por vencida… simplemente no es una opción. Tengo un hijo que literalmente me necesita para vivir. Me tiene a mí y sé que soy la única que no le va a fallar. Mi misión es apoyarle para que pueda tener terapias y una educación que le den las herramientas para valerse por sí mismo y enfrentar este mundo que no acepta “lo diferente”.  Ya no espero que el mundo acepte, por cosas más pequeñas o más grandes se separan, hieren, odian, acusan, juzgan, hasta matan.

La culpa de que algo falló en mí y  el miedo de no poder darle a mi hijo todo lo que necesita… hace que uno se desprenda de todo, hasta del orgullo.  Pedí ayuda a quien pensé que iba a ayudar, que debía ayudar.  Esa ayuda no llegó, ni llegará.  Es más fácil juzgar.

En estas situaciones uno regresa a ver al cielo y pregunta ¿Por qué a mí? Y viene la respuesta, ¿y por qué no?  Y de la nada, cuando ya no ves salida, aparecen ángeles que vienen en diferentes formas y tamaños y te dan la mano y te sostienen… para mí han sido mis hermanos, mi madre, un par de amigos,   y una señora a la que aún no tengo el honor de conocer.

Desde que mi hijo fue diagnosticado con autismo he pasado por todas las etapas del proceso de duelo y aceptación. Es más, creo que inventé algunas etapas nuevas. Cuando empiezas el camino de búsqueda, de “soluciones y ayuda”; terminas cruzándote con casos de niños con diferentes enfermedades o condiciones: cáncer, parálisis, autismo, síndrome de down, niños sin diagnóstico o que son un caso en un millón. Niños con un cerebro y un alma que funcionan, en un cuerpo que no. Eso te rompe. Y al mismo tiempo te sacude y ubica sobre lo que de verdad importa…. sobre cuánto vale una vida…. y más aún un momento.

Nos fijamos en cosas tan efímeras. Nos sentimos tan dueños de la verdad. Tan perfectos. Cuando tal vez la única pregunta que debemos hacernos es si estoy haciendo todo lo que está en mí y un poquito más, para que mis hijos, mi familia… sean felices. Y no hablo de ropa o juguetes, sino de presencia y amor.

Al final los niños aprenden de nuestro ejemplo como padres, y en los casos de los niños especiales son ellos quienes dan al mundo una lección de amor incondicional.

¿Qué ejemplo estás dando?

Imagen: Maureen Olden 
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    Por: Belen Avila

    Asesor de Marketing y Publicidad Senior. Especialista en Gestión de Marketing, Negociación, Planificación de Negocios, Coaching y Gestión de Relaciones con Clientes (CRM). Fuerte profesionalismo empresarial con un Master e-Business enfocado en Marketing de IE (Instituto de Empresa).

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